

Y fue, Aitor el skilfingo,
con su actitud indomable,
quien con espada a dos manos,
mostró pericia envidiable.
A pesar del largo viaje,
para llegar a la altura,
fue estocadas mortales,
que dio desde la cintura.
El triunfador de los torneos,
y verdugo de inmortales,
en donde solo queda uno,
donde muestras lo que vales.
¡Pueden estar orgullosos!
¡Fueron sus héroes medidos!
Los skilfingos demostraron
ser letales aun dormidos.
Él que habla cuando calla,


no es vergüenza lo que siente,
Aitor, el que resultó ser,
medida de un oponente.





