

Llegó del norte un luchador,
voz amable y ojos de fiera,
descendió a las tierras gautas
con su mente en quien le espera.
Por su nombre acudió al torneo,
luchó por honor, por fama,
a tres derrotó su hacha
y por todos se le aclama.
Su escudo fuerte sostuvo,
los mil golpes soportaba,
aun así no cedió un paso,
y con todos acababa.
Soberbio lo fue en la lucha,
humilde en las mil batallas,
el espíritu de un Hombre,
sin manchas y sin morrallas.
Destacado en cualquier juego,


cerró con el mejor broche,
y al arquero Sires quitó,






