

Pudiera ser que en la tierra
no hubiera mejor reunión
que estos, los hijos que Rothgar
convocó en aquella ocasión.
Portando armas relucientes,
los Skilfingos desde el norte,
aguerridos bravucones,
guerreros, de noble porte.
Trajeron de talla y media,
fríos vientos de tramontana,
a gigantes ilerdenses,
llegados con la mañana.
A solo un matadragones,
Skyrider lo había enviado,
aún solo, ante el peligro,
se le veía serio, confiado.
En el noble y gentil campo


de la gran montaña blanca,
bravos gautas aguardaban,
con recta mirada franca.
Con todos acomodados,
ya pronto rugió la espada,
pues es canto de batalla,
a nos la mejor balada.
Aun con la disputa feroz,
bien en hierba o sobre arena,
que gran orgullo luce el rey
si todos sientan en su mesa.
Para todos hay comida,
rueda el tonel de cerveza,
muchas viandas se amontonan,
y con vino se adereza.
Ante todos se alza el bardo
y de Rothgar la ley cita
narra la noble historia,
nuestro corazón palpita..


Fieros guerreros escuchan,
sus vacías jarras apuran,
el nervio les quitó el sueño,
largas luchas aún perduran.
¿Cómo hay tanta bravura
sin romper tan bello lienzo?
Es el honor de los héroes
y de Rothgar el comienzo.









